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¿Cómo superar los defectos?

01/08/2017 Comentarios (0) Desarrollo personal, Extras

“Tomo la vida que me dieron y hago algo bueno con ella”

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Una de las frases más hermosas que conocí de las Constelaciones Familiares, es la que reza como título de este post.

La herramienta generada por Bert Hellinger, establece varios postulados y uno de ellos es tomar la fuerza que viene de nuestros padres y nuestros ancestros. Es por ello, que en la sesiones, tanto individuales como grupales, ésta expresión suele aparecer indicada por el falicitador/a de turno al consultante, posterior (generalmente) a una honra hacia nuestros progenitores que independientemente de cualquier juicio hacia alguna o varias acciones que hayan tomado, es de ellos de donde nos viene la vida.

Esta fantástica frase, un día de búsqueda personal, me llegó como un recuerdo a mí cabeza y elegí analizarla y desmenuzada.

Es así que llegué a esta conclusión personal sobre qué es lo que estamos diciendo al repetir esta poderosa expresión.

“Tomo la vida que me dieron y hago algo bueno con ella”

Tomo: Acepto, recibo y no cuestiono. Le integro tal cual es. Soy un ser vivo, respiro y siento. Sea como sea y por lo que sea, estoy aquí, mi corazón late, mi cerebro funciona y mi sangre corre  lo suficiente para estar en este presente. El tomar es la integración desde el NO juicio, es decir, desde el no juzgar, no omitir opinión alguna, sino solo decir GRACIAS.

Que me dieron: Ya está dado, ya fue regalada, otorgada y no queda deuda por pagar.  Honro ese regalo, y reconozco que no tengo deuda alguna, y eso es fundamental ya que es lo que nos da la libertad para lo que sigue luego en esta oración.
Solo gratitud y alegría es lo que corresponde que tenga por la vida recibida. Éste fue el camino para poder llegar a este plano denominado vida y que hace que mi alma pueda transitar la experiencia de la carne para poder re-conocer quién es, y quien elige SER.

Y hago algo bueno con ella: Haga lo que haga eso bueno para mí, porque el alma quiere vivir su experiencia. Y si Dios no juzga, ¿porque otros han de juzgar qué es bueno para nosotros?
Aun así sean nuestros padres los que nos estén mirando, ¿Por qué tenemos que ser juzgados?
Ya sea desde niños, pero con mayor preponderancia al transformarnos en jóvenes y en adultos, vamos eligiendo nuestras experiencias y lo que queremos o no vivir.
La mirada amorosa de nuestros padres bendiciendo nuestras decisiones y regalándonos una contemplación afectuosa nos fortalece en la autoestima, nos favorece para debilitar la aversión al riesgo, y nos ayuda para constituirnos en nuestra propia amorocidad.
Entonces al amarnos a nosotros mismos, como consecuencia de sabernos y haber experimentado ser amados, respetados y dueños de nuestra libertad de elegir lo mejor para nuestra experiencia de vida, amaremos y respetaremos a los demás. Y al amar a los demás, nos amaremos a nosotros mismos de nuevo, retroalimentando una vez más ese amor haciéndolo universal e infinito.
Pero una cosa no es posible sin la otra, es decir, no podemos vivir el amor si nuestras acciones no sentimos  que son vistas con esa emoción y ese respeto.
Por ello, en la definición de “hago algo bueno con ella”, la clave está en asumir esa libertad, ese libre albedrío con el que todos fuimos bendecidos y tomar con responsabilidad cada una de nuestras acciones futuras, sabiendo que ya contamos con el permiso energético, “álmico” de nuestros padres para acertar y para errar.  Asumir el riesgo de equivocarnos y de no hacerlo, buscando dejar atrás los viejos paradigmas, pero haciéndolo siempre desde el amor, y el respeto, es decir desde la honra y el no juicio, pero con la claridad de que nuestra vida es nuestra y de nadie más, y que no hay nada más amoroso para el alma de un padre y una madre, que su hijo/a se desarrolle a su gusto.
Y atención porque repito: “no hay nada más amoroso para EL ALMA de un padre y una madre”, porque desde este plano estoy hablando, y en este plano es donde se produce la mayor de las libertades, el más grande de los perdones que es la expiación, la limpieza del pasado que (en definitiva) no es más que una representación de la mente.

En conclusión, de ahora en más, cada vez que tengas la posibilidad de repetir esta frase, cada vez que te permitas mirar hacia atrás a tu vida y hacia tus ancestros, y ver a tus padres ubicados tras tus hombros, en tus espaldas, como corresponde en un sistema ordenado, recordá que no solo estás diciendo una frase muy poderosa, sino que también estás haciendo una declaración de libertad e independencia.
Una declaración que te da la posibilidad y la responsabilidad escuchar tu interior para poder encontrarte con tu alma y preguntarte sin ruidos ajenos ni responsabilizando a terceros ¿Estoy siendo quien elijo SER? ¿Estoy viviendo la vida que elijo experimentar? ¿Estoy viviendo mi vida de diseño? ¿Qué puedo hacer o dejar de hacer para lograrlo?.

Con cariño, de mi para ustedes.

Emanuel Quadri

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