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Renunciar a lo que quiero

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“Tomo la vida que me dieron y hago algo...

27/07/2017 Comentarios (0) Desarrollo personal

¿Cuál es la diferencia entre el ego y el amor propio?

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¿Cuál es la diferencia entre el ego y el amor propio?

Empecemos preguntándonos ¿porque nos gusta tanto poner etiquetas a las cosas? En esto del lenguajear, que es la habilidad que tenemos los seres humanos de hablar o producir signos, nos creemos muy superiores al resto de las especies. Sin embargo, lo que aún no podemos ver, es cuánto en realidad eso también no limita, y el poner etiquetas a las cosas es uno de los límites que el lenguaje nos da.

La realidad, si es que hay una realidad, que la palabra EGO tiene múltiples definiciones tomadas desde múltiples lados.

La individualidad es un regalo divino, es un cofre mágico de creación y de experiencia, para que cada uno descubra su esencia desde el SER.

La psicología lo aplica desde la observación que hace al comportamiento de un individuo y su relación con el mundo que lo rodea, la metafísica, lo utiliza como la creencia que tenemos de nosotros mismos y como el medio para poder observar este plano, como un conjunción de hechos materiales y materializados. La espiritualidad, lo utiliza como la definición de la conexión del todo con el mundo tal como lo observamos.

Sin embargo poco se habla o se dice del Amor Propio, y en esa nebulosa con frecuencia solemos confundir o poner en duda, frente a nuestras actitudes y nuestros haceres y decires, cuando se trata de EGO y cuando de Amor Propio.

Pues bien, déjeme decirles que para mí, aunque no hay diferencia, si  las hay. Esta contradicción semántica, tiene que ver con que en el reino de lo absoluto nada tiene etiquetas, pero sí en el reino de lo relativo, y por ende, vamos a jugar con esas etiquetas a nuestro beneficio (cómo tiene que ser con todo lo que el universo, Dios, Alá o como quieras decirle, puso a nuestra disposición).

De pequeño me pasaba que al querer defender mis creencias, mis posiciones, mis observaciones, recibía una reprimenda que establecía que yo era muy soberbio. Mi ego, es decir mi creencia del super yo, se agrandaba en cada palabra, en cada oportunidad que escuchaba esto y generaba de mí una visión exactamente igual  a la reprimenda recibida. Es decir: Etiqueta: “Emanuel es un soberbio”. Y así transité gran parte de mi vida, magnificando esa creencia y dándole lugar a la lucha interna entre el bien y el mal de que suponía ser yo vs. la visión del super yo.

Hasta que un día, harto de esa batalla interna que se debatía luego en el exterior y que se manifestaba en la realidad a través de personas que me devolvían como espejo esa creencia sobre mí, me hice una pregunta ¿Dónde está el límite? ¿Cuándo es el momento de sostener lo propio, la experiencia o lo que elijo experimentar, frente a la opinión diferente de los demás? Y allí encontré la respuesta: En el Amor Propio. Es ahí donde se halla el límite, en el AMOR PROPIO es donde se halla el límite entre lo que yo creo, entre lo que el otro cree y lo que juntos creamos. Y cuando hablo de creer, hablo de crear.

La clave, entonces en este camino a encontrarse con el SER es la aceptación de la completitud, de lo bueno y lo malo, del alfa y la omega, de lo correcto e incorrecto que todos llevamos dentro como parte de un proceso para experimentar quienes somos

Y ¿Cuál es la función del Amor Propio entonces? Ser el nexo, ser la unión, entre el yo y el otro yo que es el yo del otro. Pues en la unión de que todos somos uno, como establecen las corrientes espirituales, la aceptación de la individualidad, también debe ser un factor que tengamos que contemplar, es decir mirar y admirar, ya que es un regalo divino. La creencia de que el otro tiene que pensar como yo, sentir como yo, ser como yo es la renuncia a la divinidad, pero de la misma manera lo es creer que tengo que ser como el otro, pensar como el otro, caminar como el otro.

  La individualidad es un regalo divino, es un cofre mágico de creación y de experiencia, para que cada uno descubra su esencia desde el SER. Por ello, la clave, siempre está basada en el amor. Si bien el amor es universal, el propio amor, el amor de cada uno en este juego fantástico que lo denominamos vida, a veces consciente y a veces dormida, es la clave para unir los dos universos. El universo del espíritu, el de la unidad, el de la fuente y el de la plenitud, con el universo de la carne, de lo supuestamente palpable, lo visible, lo antojable, es decir de lo que me dé ganas.

La clave, entonces en este camino a encontrarse con el SER es la aceptación de la completitud, de lo bueno y lo malo, del alfa y la omega, de lo correcto e incorrecto que todos llevamos dentro como parte de un proceso, de un juego divino para experimentar quienes somos, para hacer realidad una de las trillonésimas infinitas maneras del ser, y por ello la individualidad es tan necesaria.

Abracemos pues a la individualidad, aprendamos a respetar la nuestra y aceptar a la del resto, para, en ese amor, poder abrazar su universalidad en las coincidencias y en las diferencias.

Emanuel Quadri
Respuestas del alma

 

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